La matemática entre la casa y la Escuela


Capítulo IX: compartimos la reflexión de Laura Barragán, Profesora de Matemática, Especialista en Educación en el nivel Superior y Capacitadora del CIIE

2020-05-09 por Publicaciones


Contamos con muchos escritos y voces circulando en los últimos tiempos debido a la situación que atravesamos en el mundo entero, este resulta ser uno más, que pretende acompañar a los docentes brindando un pequeño aporte en esta realidad que nos transita.

La Pandemia del COVID-19 llegó sin avisar y luego de varios años de desatención por parte del Estado Nacional y Provincial tanto hacia el sistema de salud como hacia el sistema educativo.

Haber perdido nuestros programas de capacitación y formación docente, el programa conectar igualdad, y otros espacios que habíamos ganado nos enfrenta hoy más que nunca a una desigualdad económica y socio cultural muy compleja de abordar.

La tarea de Hacer escuela a la distancia y en particular “enseñar matemática” a la distancia a nuestros niños y niñas de la Escuela Primaria nos encuentra a la mayoría de los docentes, incluso a quienes nos hemos formado en el trabajo en entornos virtuales, con pocas o ninguna estrategia didáctica como base, teniendo que aprender día a día, ensayando, probando, fallando y re – haciendo permanentemente una diversidad de planes pedagógicos en función del contexto en el que cada uno se encuentre.

La responsabilidad social y política que tenemos quienes nos dedicamos a enseñar y la constante búsqueda de justicia curricular nos pone como prioridad el cuidado de la salud física y emocional, y el hecho de enseñar en este contexto donde “el aula”, tal como la conocemos, no está presente, nos lleva a seguir pensando los procesos de enseñanza y los procesos de aprendizaje.

A medida que transcurren las semanas vamos encontrando maneras diversas de llegar a nuestros niños y niñas y recursos que suelen ser más óptimos para llevar adelante esta tarea. A medida que vamos transitando la “continuidad pedagógica”, la vamos reformulando, en un principio intentamos adaptar nuestras propuestas planificadas para este ciclo lectivo, a la virtualidad, situación que considero, solo se podrá hacer con determinados contenidos presentes en el Diseño Curricular de la Provincia de Buenos Aires.

El aislamiento social, preventivo y obligatorio nos convoca a llevar a los hogares la Matemática, sin intercambios entre niños y con escasas o nulas intervenciones del docente en la resolución de actividades.

Sabemos que resulta prioritario sostener los vínculos con las familias, los niños, niñas y jóvenes que atraviesan los distintos niveles, tanto de educación formal obligatoria como de los estudios superiores.

Es importante destacar el gran esfuerzo que estamos realizando los docentes para sostener el proceso de enseñanza y el proceso de aprendizaje. Ahora debemos enfocarnos en cómo “ajustarlo” a los tiempos que aún nos queda transitar hasta que finalice esta etapa que estamos viviendo con la intención de dar un paso más “cuando podemos” y el contexto social lo permite.

Lo que sucede adentro del aula es irremplazable, porque es allí, en ese espacio y con los intercambios que se generan, donde se construye el escenario para enseñar y para aprender.

Nos faltan las etapas de la clase presencial, que como señala Brousseau: acción, formulación, validación e institucionalización, nuestros niños ahora leen solos, o a través de un adulto, las consignas y se aproximan al conocimientos “exclusivamente” con sus saberes previos.

A esto sumamos que no contamos con recursos como portadores. Las paredes de las aulas están ausentes, así como el registro de la trayectoria de los niños.

Salimos de la rutina diaria, no solo de dejar de ir a la escuela sino de no poder visitar a la familia. Sabemos que la escuela organiza la vida en sociedad, tiene horarios estipulados, de entrada, salida, tiempos de recreo, espacios de intercambio, y es una realidad que ese escenario no se puede trasladar a los hogares.

Debemos resaltar que no podemos mirar a la escuela solamente como un espacio de transmisión de conocimiento, es necesario comprender que la escuela es, entre otras cosas, un ámbito de resolución de conflictos, de generación de amistades, de tareas colectivas, de compartir una vida institucional, es la escuela donde se construye a nuestros niños como sujetos de derecho, y esto se encuentra hoy interrumpido.

También los docentes hemos perdido nuestros espacios de intercambio, la charla de los recreos, o de las salas de maestro, el poder conversar con los colegas respecto de la trayectoria de los alumnos. Si bien tenemos conexión permanente con nuestros pares, esto nos impide realizar algo que tan naturalizado teníamos y que resultaba un apoyo al momento de transitar diversas dificultades relacionadas con nuestros niños y niñas.

Sabiendo que una gran parte de las familias no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar una educación a distancia intentamos evitar que se amplíe la brecha entre las instituciones que tienen plataformas y recursos propios y las escuelas insertas en determinados sectores de la ciudad donde no hay prácticamente conexión ni recursos tecnológicos, quizá un solo teléfono por familia, poca o nula conectividad y la realidad de saber que prácticamente ninguna familia cuenta con una computadora personal o un dispositivo móvil para cada menor que convivan en el hogar y formen parte del Nivel Primario.


Adentrándonos en la especificidad del área insisto en reforzar nuestra tarea docente como un trabajo intelectual.

Es una de nuestras grandes preocupaciones en este momento, encontrar el equilibrio de las actividades planificadas y secuenciadas que presentamos a nuestros niños y niñas, está claro que no podemos atosigarlos, no se aprende más cuanta más tarea mandamos, por eso insisto en la importancia de organizar nuestro trabajo pedagógico. Debemos armar un “plan pedagógico” para trabajar en matemática.

Estamos frente a un aprendizaje distinto, la virtualidad y el trabajo realizado en estos tiempos después deberá ser puesto en valor en las aulas por cada uno de los docentes. Esto resultará ser “un escenario de trabajo” nuevo que nos plantea el gran desafío de relanzar lo realizado cuando volvamos a las escuelas en presencia, es por eso que el registro de la trayectoria de los estudiantes debe quedar plasmado para retomar el trabajo cuando volvamos a las aulas.

Tomando como realidad que no vamos a poder enseñar todos los contenidos que prescribe nuestro Diseño Curricular, debemos priorizar y seleccionar ¿qué llevamos al hogar hoy a través de la virtualidad?

El trabajo con el sistema de numeración presenta múltiples formas de abordaje que en la mayoría de los casos resulta accesible para que el estudiante pueda trabajarlo en su casa con algunos intercambios con los adultos que los acompañan y él o la docente que realiza la tutoría de dichas actividades.

El trabajo con las operaciones, los números racionales, la geometría y la medida, deberá ser repensado por año y de acuerdo al contexto institucional.

Por ejemplo, la formalización de los algoritmos de suma y resta en 2do año representa una tarea donde la presencia del docente es imprescindible para la comprensión del funcionamiento de los mismos, además “choca” con las estructuras de razonamiento matemáticos de la mayoría de los adultos que acompañan hoy a nuestros niños y niñas en su estudio diario. Sin embargo podemos pensar en abordar una amplia gama de problemas del campo aditivo atendiendo a los sentidos más sencillos de estas operaciones –unir, agregar, avanzar, ganar, perder, retroceder, quitar- el uso de la calculadora como herramienta de resolución y la presentación de situaciones que permitan el cálculo mental, hará que estas actividades se conviertan en instancias accesibles de ser resueltas por los niños y niñas desde sus hogares.

El trabajo con el algoritmo de la división por una cifra en 3er año y por dos cifras en 4to, que se incorporan en el aula en presencia de estudiantes y docentes luego de un determinado recorrido por los diversos sentidos de la multiplicación y división, también resultan ser contenidos que podemos reservar para el regreso a la escuela, sin embargo la construcción de la Tabla Pitagórica, las relaciones que allí se presentan y las regularidades de la misma permiten un acceso más amigable desde la virtualidad, siempre que sea graduado y secuenciado adecuadamente.

El trabajo con el cálculo mental, aproximado y con calculadora son contenidos que encuentran en los sabes previos de los niños un terreno fértil para su abordaje a la distancia.

El contexto extra matemático para el abordaje de los números racionales y la medida con números y unidades de uso convencional al ser conocido por nuestros niños permite una aproximación al tratamiento de estos bloques.

Esos resultan ser, a modo de ejemplo, algunos de los Bloques y contenidos cuyo tratamiento puede ser pensado para que se trabaje el “hacer matemática”, a la distancia.

De esta manera los y las invito a seleccionar, pensar y organizar secuencias de actividades accesibles a los contextos donde sean presentadas, que convoquen a los y las estudiantes a su resolución, que no resulten demasiado extensas para que no lleven al abandono y que generen en estos tiempos algunas “plataformas sólidas” de saberes matemáticos, para a partir de allí retomar el trabajo al regresar a las aulas.

Pensar en una pedagogía de la matemática que nos lleve a plantear para qué enseñamos y cómo enseñamos matemática en estos tiempos, reconociendo el capital cultural que esta representa, resulta ser una puerta hacia el futuro que encontraremos cuando volvamos a la escuela.

Prof. Laura Barragán, mayo de 2020.