Aulas virtuales y desvirtuadas


Capítulo XI: reflexión de María de la Paz Oviedo, Profesora en Letras (UNMDP) y profesora de Prácticas del Lenguaje en escuela rural

2020-05-13 por Publicaciones


Classroom, WhatsApp, Facebook, Zoom. Estos términos extranjeros, que definen redes sociales y plataformas digitales, pasaron a formar parte de nuestra cotidianidad escolar como nunca antes en nuestro país.

Las familias de un lado de la pantalla, lxs docentes y la planta funcional de la escuela, por el otro. Con mucho compromiso, en pocos días, levantamos una escuela virtual. Lxs docentes argentinxs siempre a la altura de las circunstancias y siempre siendo el sostén del estado frente a la sociedad.

Ahora bien, en el camino nos descubrimos replanteando nuestras prácticas, repensando para qué sirve la escuela, qué pasa con los contenidos, cuál es nuestro rol como educadores y cómo se puede producir el proceso de enseñanza y aprendizaje en este contexto.

Y es que el aula tiene sus virtudes. Es el espacio de encuentro, de interacción entre docente y alumnx y de alumnxs entre sí, de construir conocimiento entre todxs. Es donde nos comunicamos. ¿Cómo enseñamos y aprendemos sin la comunicación no verbal que acompaña nuestra tarea áulica? No se puede reponer en la conexión virtual. Aunque busquemos estrategias para enseñar creando nuevos contenidos digitales (audios, videos, mapas conceptuales, encuestas, grupos de WhatsApp o de Facebook), nada pareciera alcanzar. Lxs estudiantes no pueden ver el video por falta de datos en el celular, ni descargar el archivo por falta de memoria, no entienden la consigna, no prestan atención, se pierden los comentarios en los intercambios por las redes o en algunos casos no leen todas las notificaciones. En los ámbitos rurales, por ejemplo, las mamás o los papás nos hacen saber que hay un solo celular en la casa o que tienen que caminar hasta el almacén más cercano para poder cargarlo, por lo que hay discontinuidad en la conexión y el seguimiento de las clases. Cabe aclarar que el cierre de programas como “Conectar igualdad” se hace palpable cuando volvemos a ver que lxs chicxs no tienen acceso a una computadora.

Nos desborda por todos lados. Familias y docentes hacemos un gran esfuerzo. Sin embargo, podríamos estar todo el día “conectadxs” sin lograr vincularnos. Además de que nos consume el espacio y el tiempo del hogar.

Como si esto fuera poco, si estas condiciones antes mencionadas ya son insuficientes, todavía hay otra realidad que queda afuera de la virtualidad. Son lxs chicxs que no tienen conectividad. Que para sostener el vínculo con la escuela van a buscar el bolsón de comida para la familia y el módulo de continuidad pedagógica. Son los que tienen la tarea tan desigual de resolver actividades sin el apoyo didáctico de sus docentes.

Está claro que la escuela cumple una cantidad de funciones que van más allá de transmitir conocimiento. La escuela pública es inclusiva, tiende lazos con la comunidad, es la presencia del estado en cada rincón. La escuela pública se pone de pie “a pesar de todo”, aunque haya sufrido muchos embates y en algunos modelos se haya privilegiado la escuela privada, ahora más que nunca se está revalorizando por todos sus actores y en todos los ámbitos.

Por eso tenemos que buscar la forma de que nuestra tarea no sea tan solitaria. Necesitamos establecer puentes que nos “acerquen”, poder “vernos” y “escucharnos”. Elaborar proyectos entre pares y con lxs estudiantes. Buscar intereses en común. Tejer redes. No “aislarnos” sino buscar puntos de encuentro para comunicarnos.

La salida es con empatía, comprensión, acompañamiento, contención, inclusión, construcción colectiva, solidaridad. La tarea ahora es cuidarnos entre todxs haciendo saber y legitimando las acciones que se realizan, para dentro de poco volver a llenar las aulas en nuestras extrañadas escuelas.

Prof. María de la Paz Oviedo, mayo de 2020.