Sufrientes en silencio


Capítulo XII: reflexión de Marcela Bonatto, Lic. en Psicopedagogía y Diplomada en Diagnóstico y Habilitación Neuropsicológica de las dificultades de aprendizaje

2020-05-15 por Publicaciones


"Es de creer que las pasiones dictaron los primeros gestos y que arrancaron las primeras voces…
No se comenzó a razonar sino a sentir."
Rousseau

Nos despertamos cada mañana con la esperanza de que la pandemia sea sólo un mal sueño. Esta situación confusa que están viviendo los niños sin poder concurrir a la escuela y en contexto de aislamiento nos lleva a reflexionar sobre el sentir de nuestra infancia.

El aislamiento social no sólo ayudó a visibilizar la desigualdad y la grave crisis económica, sino que puso en evidencia la soledad que padecen nuestros niños.

El fin de esta pandemia nos da la esperanza de generar progresos y convertirnos en un mundo más justo.

Esta dificultad no sólo expuso la vulnerabilidad en la que vivimos sino nos enfrentó a nuestros fantasmas más temidos como el sufrimiento y la muerte.

Los docentes actualmente tenemos el compromiso moral de acompañar en el dolor y el miedo que presentan nuestros alumnos y familias. La incertidumbre hacia el mañana nos hace replantearnos nuestras prioridades.

Para los niños esta situación es difícil de comprender y los adultos debemos brindarles el espacio para que pregunten y nos digan sus preocupaciones. Los mayores tenemos la obligación de estar atentos a las manifestaciones de nuestros pequeños.

Muchos hacen hincapié sólo en lo académico, pero nos olvidamos de la importancia que tiene para el niño la concurrencia a la escuela, la cual es el espacio de juego con sus amigos. Quizás debemos preguntarnos qué emociones tienen nuestros alumnos con respecto al aislamiento.

Esta experiencia de la pandemia es única para todos. Esta situación extraordinaria en la cual los niños observan a sus padres con barbijos, guantes y con la necesidad de pedir permiso para circular en la calle es también inédita. Además, en los noticieros escuchan la frase: “Estamos en una guerra contra un enemigo invisible”.

Mi gran preocupación es ¿Qué impacto psicológico nos dejará esta pandemia? ¿Cómo volverán estos alumnos a la escuela? ¿Cómo serán nuestros recreos? ¿Cómo será el nuevo jugar sino podemos abrazarnos, ni saludarnos con un beso?

Los alumnos también se preguntan ¿Cuándo terminará esto? ¿Qué me pasará si me enfermo yo o mi familia sino hay cura?

Como docentes es nuestra responsabilidad asistir, la sobrecarga de información sólo genera angustia, ansiedad y temor. No le debemos negar la realidad, pero si cuidarlos y hablar de este virus con naturalidad. No los abrumemos con exigencias sí nos corresponde brindar espacios de contención y creatividad.

Es importante recordar que nuestras experiencias en edades tempranas modelan nuestra personalidad futura. Las emociones son las bases de nuestra vida mental y nuestro comportamiento. Es imprescindible en estos momentos planificar rutinas que incluyan recreación y juego.

Finalizo con esta reflexión: La pandemia afectó a todas las clases sociales y permitió visibilizar la profunda desigualdad de nuestra sociedad. Por eso es necesario brindarle a nuestra infancia herramientas para generar esperanza y seguridad de poder seguir adelante.

Lic. Marcela Bonatto, mayo de 2020.